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AMBIENTACIÓN.
La guerra ha transformado a Norteamérica en el país de Panem, dividido en doce distritos controlados por el tiránico Capitolio. Los Juegos del Hambre obligan a dos jóvenes de cada distrito a luchar por su vida en un espectáculo televisado con único vencedor.

Tras los suicidios de algunos tributos en las últimas ediciones de juegos, los distritos se han comenzado a organizar para una rebelión contra el capitolio. Los cabecillas de la revolución reparten el boletín rebelde, un folleto anónimo que apuesta por la revolución, y en el distrito 13 las fuerzas del ejército se preparan para una guerra inminente. Sin embargo, en el Capitolio, donde todavía persiste la emoción de los recién terminados 79 Juegos del Hambre, extreman las medidas de seguridad y jugarán todas sus cartas para que los rebeldes no se salgan con la suya.
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What I'm feeling now (no va sobre LJDH)

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What I'm feeling now (no va sobre LJDH)

Mensaje por Emily Winslet el Lun 20 Ago 2012, 01:21

Hola gente. Vengo a presentaros mi primer fanfic de un juego llamado Trauma Team para Wii. Obviamente, si no conocéis la trama del juego, no sabréis de que va. Pero aquí estoy yo para explicároslo un poquito ^^
Son un grupo de médicos, pero me he centrado sobretodo en la historia de amor entre Naomi y Little Guy (como ella le llama), o sea, Karl Navel. Y un personaje nuevo, inventado por mí (Emily, wajajaja). Naomi es una excelente forense, pero antes de eso fue cirujana que trabajó para una organización. A esa organización perteneció también Little Guy. Pero ambos la abandonaron (pues utilizaban enfermedades para matar a mucha gente, y otros médicos protagonistas de otros juegos luchaban contra esa organización). Y en este juego se volvieron a reencontrar. Total, que ambos se atraen mucho, pero ninguno da el primer paso (ella por fría y él por tímido). La historia está incompleta, por cierto. Iba a hacerla muy dramática, pero me dio pereza seguir. Aunque la escribí hace dos años, me siguen molando las expresiones que puse. ¡¡Espero que os guste!!
Naomi Kimishima y Little Guy:





Era una tarde cualquiera, la primavera regalaba una buena temperatura. Las flores brotaban de su largo periodo de aletargación y los pájaros comenzaban a danzar por el vacío, llenos de un gran gozo. Era un buen momento para poder disfrutar de la poca naturaleza que aún no había sido extinguida por la ciudad y la contaminación. Eso mismo había pensado el chico rubio que, sin dejar su común smoking azul, había decidido salir a tomar el aire. Caminaba distraído por la calle, recordando los buenos momentos que había vivido con ella. Acababa de irse de viaje con la niña; Alyssa, y ahora él estaba solo, tomándose unas inesperadas vacaciones. Los días le tenían ocupado, pensativo y concentrado en lo que tenía que hacer, por lo que pocas veces se acordaba de ella. Ya fuera porque no podía o porque no quería. Su mente le recordaba que su relación era una simple cordialidad, algo que tendría que acabar tarde o temprano. Pero de lo que él no se había dado cuenta era que, ahora que podía, debía aprovechar el tiempo que pasaba junto a ella. Pero nada…estamos hablando de un rubio, nunca se daría cuenta de eso. A cada paso que daba se relajaba más, estas vacaciones sin ella, habían terminado siendo más estresantes de lo que pensaba, todos habían aprovechado para pedirle una mano, incluso su familia. Pero bueno, él no tenía nada que hacer así que no podía quejarse. Segundos después de dar un suspiro, su hombro chocó un delicado cuerpo ajustado, ceñido a una camisa blanca y una minifalda negra lisa, a la vez que unos bucles de cabello azafranado caían sobre la chaqueta del chico. Los ojos tizones de la chica penetraban en la mirada del joven de ojos grises apagados, intimidándole aunque en realidad lo miraban con una pizca de curiosidad. Él, sin saber por qué, se puso algo nervioso y ruborizado.
-¡Pe-perdón señorita!
Ella soltó una agradable y melosa risa.
-¿Señorita? Vaya, que educado… -se dedicó a observarlo de arriba abajo, esperando una reacción.
-Esto…yo...lo siento mucho…-dijo algo cabizbajo y por un fugaz destello de tiempo, la miró a los ojos- ¿Se encuentra usted bien…?
Ella volvió a reír.
-Deja de llamarme de usted, no soy ninguna vieja.
La joven, de carácter jovial y algo energético le miró y le sonrió.
-Puedes llamarme Emily, al menos eso pone en mi D.N.I. –le guiñó un ojo y le preguntó, descaradamente- ¿Tu eres…?
-Eh...Eh...Karl…Karl Navel -respondió él, algo indeciso.
La mujer comenzó a reír con la respiración agitada y, tras respirar un poco lo miró, con los ojos algo húmedos.
-Entonces…¡¡tú eres aquel enano al que conocí hace más de diez años!! Te fuiste a… ¿adónde? ¿A Delfino?
Él la miró atónito, mientras miles de imágenes y voces pasaban por su cabeza. Aquella chica a la que había conocido, dulce, tranquila, pacífica… ¿estaba ahora justo delante de él? Parecía imposible. Se llevó una mano detrás de la cabeza, algo ruborizado y le dijo:
-Bueno…verás, la organización era Delphi pero, prefiero no hablar de ese tema, ya lo he dejado.
-¡A sus órdenes! -contestó ella efusivamente llevándose una mano sobre la frente y, comenzando a caminar, algo más calmada, le preguntó-, Entonces…si lo has dejado, ¿de qué te ganas la vida? Se nota que no tienes muchos problemas económicos ehh pillín.
-Pues no…-le respondió siguiendo su paso-, realmente no tengo muchos problemas. Estoy trabajando como agente de una forense.
-Y dime, ¿cómo te trata?
-¿Qué cómo me trata? Pues…pues…-él comenzó a ruborizarse poco a poco-. No hay mucho que contar…es sólo trabajo, ella es algo fría y distante…
Ella sonrió, aunque no dijo nada.
Llevaron un largo paseo sin rumbo fijo, hasta que ella susurró, abstraída por sus pensamientos:
-Hace mucho tiempo…
-¿Qué? –preguntó él, atónito.
-Nada, digo que, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, ¿no te parece, rubio?
-Ahora que lo pienso, si…realmente han pasado años, ¿qué sido de tu vida?
-Pues bueno, desde que nos despedimos, me puse a estudiar mucho, mis padres se empeñaron en que me buscara el mejor futuro posible…Total, que tras acabar la carrera con matrícula de honor, estoy haciendo un máster aquí, en Japón. Cuando lo acabe, volveré a Alemania a trabajar como Sub-jefa de un banco. ¡A ver si me gano un ascenso!-dijo guiñándole un ojo.
-Vaya, o sea que te has currado la vida ¿no?
-Más o menos, ahora que no están mis padres dando por culo, me estoy tomando un descanso –dijo, mientras reía al caminar.
-Yo también estoy tomándome unas vacaciones, me han pillado por sorpresa.
Ella le miró curiosa y ladeó la cabeza.
-Eh...Na...Mi jefa, que diga, se ha ido de viaje.
-¿Na…? -curioseó ella.
-Ya la conocerás –sonrió él-, vuelve dentro de una semana y retorna su trabajo al día siguiente.
-¿¡Me la vas a presentar?! –se sorprendió ella.
-Pues claro…sólo si te apetece.
-Estaré encantada –dijo esbozando una pequeña sonrisa-. Oye, ya que estamos libres… ¿te apetecer pasar la tarde conmigo?
-Pero…
-Me refiero a mañana, tonto, ya sabes: ir al cine, tomar un helado y todo eso.
-Ah, bueno -hizo una pausa-. Así podré librarme del estrés de estos días.
-¡¡Pues no se hable más!! Mañana a las seis, te espero en el centro comercial -miró el reloj y lanzó una pequeña exclamación-. Rubio, yo me voy ya que mañana tengo un examen de contabilidad.
-Y entonces ¿Qué hacías aquí si tienes que estudiar?
-Respirar, rubio, respirar. Es lo mejor antes de un examen -sonrió y salió disparada taconeando con su minifalda y su larga melena escarlata oscura meneándose de un lado a otro.
El chico no se dio cuenta pero, mientras daba un paseo con su ex, varios muchachos se habían parado a ojearlos y le lanzaban miradas llenas de envidia y odio. Tras mirar la hora en su móvil, decidió tomar un taxi y regresar a casa, ya era hora de cenar y debía de prepararse algo mientras el Sol comenzaba a caer.
La semana fue pasando poco a poco, como quedaron Karl y Emily, al día siguiente fueron a tomar un chocolate con churros en lugar de helado y fueron al cine más importante y llamativo de la ciudad, todo se debía al menú especial de palomitas que hacían; aunque era algo extravagante. A cada momento ella reía los comentarios de él, e insistió hasta conseguir pagarle la entrada de cine a “su rubio”, o al menos era lo que le decía y él, como un niño bobo, se ruborizaba con facilidad.
Gabe, que estaba llevando a Joshua a ver una película, al igual que la otra parejita, se extrañó de ver a Karl con otra chica que no fuese Naomi, e indudablemente tomó nota en su retorcida mente. Al acabar la película, él decidió llevarla a su departamento pensando en que sus vidas volverían a separarse, tal como debía de ser. Pero no fue así.
Los días iban pasando, uno detrás de otro, y la pelirroja sexy se iba pegando más y más a su rubio favorito, como si fuera una lapa. Tomoe, María, e incluso el mismísimo Cr-s01 que tenía casi restringidas sus salidas a la calle, les vieron juntos, tonteando y riendo de un lado a otro. Todos y cada uno de ellos quedaron petrificados, cada uno a su manera. Tomoe se extrañó, pensando que al hacer eso el agente de Naomi la estaba deshonrando. María pilló un cabreó monumental y le hubiese cantado las cuarenta si no hubiese sido porque Cr estaba con ella y la detuvo. Y así…pasó la semana…

-Phew...-suspiró aquella madura mujer tan bien formada, con una revuelta coleta color luna con destellos celestes, vestida con una algo escotada chaqueta a rayas rojas y negras y sus shorts a juego; además de sus tremendas botas que dejaban huella a cada paso que daba. Dejó los dos viejos maletines de cuero que llevaba sobre el suelo. Se secó la frente aunque no tenía sudor y elevó la mirada. Delante de ella había cuatro médicos que la miraban fijamente.
-Tenemos que hablar -le dijeron al unísono.
Ella se irguió y consiguió contemplar a una alta y pelirroja chica que caminaba de espaldas delante de Little Guy y hacía gestos moviendo el índice, como si le estuviese haciendo indicaciones al chico diciendo “no”; para el gusto de Naomi, algo exagerados.
-¿Qué pasa, he perdido el puesto de forense o qué? -dijo con una seria mirada levantando la barbilla para señalar a aquella otra chica.
-No, es peor -soltó María de un tirón.
Los tres cogieron a Naomi del brazo, tirando de ella para llevarla a su despacho; a excepción de Cr que se limitó a seguirlos.
-Alyssa, quédate aquí hasta que yo regrese -señaló Naomi mientras era arrastrada.
Al entrar a tan clásica estancia, Naomi se apoyó sobre su escritorio.
-A ver, ¿qué se supone que está pasando aquí? ¿Por qué tanto misterio?
-¿¡Acaso no la has visto?! -chilló María Torres.
-Si, la he visto. ¿Y qué? -dijo con tono neutro.
-Bueno Naomi, creo que no debemos meternos en tu vida amorosa... -dijo Gabriel echando humo mientras apartaba un poco el cigarro con la mano.
-Pero esto también afectará a tu oficio- se adelantó la Sta. Tachibana a decir.
-Pero...-intervino Cr y todas las miradas se posaron en él- ¿existe alguna prueba contundente de que el agente de Naomi y esa joven pelirroja sean pareja?
María le lanzó una mirada asesina antes de escupirle en toda la cara:- ¿¡Es que no tienes ojos en la cara o qué?! ¿¡No te das cuenta del coqueteo que está provocando ella sobre él?!
-¿Y qué? -dijo Naomi, sin inmutarse, con los brazos cruzados.
-¿Cómo que “¿Y qué?”?- preguntó María, con cara de tonta mientras sujetaba de la camisa a Cr.
-¿Y qué? -repitió ella.
María soltó a Cr y los cuatro se quedaron mirándola expectativamente.
-Naomi -dijo Tomoe en tono firme-, todos sabemos perfectamente lo que hay entre vosotros dos...
-Si los hubieras visto...-comentó Gabe con una sonrisilla mientras mordisqueaba el filtro del cigarro, aunque en el fondo se sentía algo abrumado por la reacción de su amiga Naomi.
-¿Y qué? -prosiguió ella.
-¿Y qué? ¿Y qué? ¿Y qué? ¿Y qué? ¡¡Ya estoy harta!! ¿¡Es que acaso no piensas hacer nada, Kimishima Naomi?!
-No -respondió ella con un destello en la mirada; una mirada fría y penetrante.
María se quedó de piedra, atemorizada y el resto del grupo la miró, esperando que se explicara.
-Entre mi subordinado y yo no hay, no ha habido ni habrá nada. Yo no soy su dueña, él no me pertenece. Que haga lo que quiera, no tengo ninguna autoridad sobre él, a excepción del trabajo. Nuestra relación es simplemente cordial. Y es más, de ser cierto lo que sospecháis, puedo afirmar que mi Agente no tiene ningún sentimiento amoroso hacia mí. Y aunque lo tuviese... -Naomi no sabía cómo detener aquella conversación, Gabe la miró y estuvo a punto de decir algo, además de adivinar sus pensamientos...Y la pelirroja explosiva interrumpió aquella tensión: un sonoro golpe sonó en todo el pasillo. Todo el mundo se sobresaltó y salieron disparados hacia el lugar que comunicaba todas las salas del hospital. La última en salir fue Naomi, que cerró la puerta con suavidad.
-Auch, Auch, Auch...-se quejaba Emily mientras se frotaba la parte inferior de la espalda, sobre uno de los maletines de Naomi. Tenía ambas rodillas pegadas y, sin embargo sus pies se encontraban a casi un metro de distancia- mi culoooo...Ay, Ay, Ay, Ay, Ay...
Little Guy, al verla en tan bochornosa escena, se puso colorado. María frunció el ceño. Naomi se hizo paso entre Gabe y María, quedando en el centro de los cuatro que estaban en línea.
-¡¡Pero ayúdame rubioooo!!
Al joven rubio se le dilataron sus opacas pupilas y le tendió la mano, tiró de ella y la levantó de un salto.
-Wow! Que fuerte te has hecho. Ehh Pillín!!-rió dándole un codazo en el pecho.
María seguía con el ceño fruncido, se sentía cada vez más impotente. Karl sin embargo no pudo evitar tragar saliva. Alyssa se quedó mirando la escena llena de curiosidad, y sin saber qué hacer para ayudar. Naomi dio varios pasos, demasiado lentos para lo que se consideraba su paso habitual. Sin mirar hacia ningún lado, se agachó con delicadeza y sacudió un poco el maletín, luego cogió el otro y se levantó.
-Gabe... ¿Puedes hacerme un gran favor? -le preguntó mientras le miraba.
-Si, por supuesto, dime Naomi...
-Necesito que lleves a Alyssa a mi departamento, aunque sigo con los trámites, ya tengo permiso para que pueda dormir en mi casa.
-Claro -dijo levantando una mano, Alyssa caminó hacia él sin rechistar- ¿Puedo pedirte yo a ti dos?
-Dime.
-¿Puedo mañana llevármela junto a Joshua al parque de atracciones?
Naomi lanzó un suspiró, pero Alyssa le puso cara de cachorrito.
-De acuerdo...
-¡¡Biiien!!! -gritó la niña de júbilo.
-¿Y el segundo?
Aprovechando que estaba a espaldas de Little Guy y su “pareja”, Gabe le guiñó un ojo a Naomi.
-No te estreses demasiado.
Naomi se agachó y le dio un beso a Alyssa en la mejilla.
-Cariño, ten mucho cuidado ¿de acuerdo?
-Sí -asintió ella.
-Y mañana hazle caso a Gabriel, ¿entendido?
-Ajá.
-Nos vemos mañana, preciosa.
-¡¡No vemos!! -Alyssa se tomó de la mano de Gabe y ambos desaparecieron de la escena, junto con los otros médicos.
Little Guy se quedó contemplando a Naomi, había pasado poco tiempo que, además, se le había hecho muy rápido, pero notaba algo diferente en el rostro y las vibraciones que desprendía Naomi. Algo había cambiado en ella, pero el rubio no supo descifrar que era, no era por el hecho de ser rubio, sino que él todavía no había conseguido entender lo que su corazón palpitaba cada segundo, no conseguía o no intentaba, adivinar los pensamientos de aquella mujer que le alteraba la sangre...tal vez porque, precisamente él se había concentrado en sí mismo, concentrándose en cómo decirle lo que sentía o como “obtenerla” para sí; pero nunca se había concentrado en lo que era ella, en lo que sentía, en lo que quería, en lo que pensaba. Sólo se había centrado en él, y eso, había producido un ancho espacio entre ellos dos, cuando lo que Little Guy precisamente quería, era estrechar su relación.
Por un momento deseó ser Alyssa, y recibir una muestra de cariño de ella, pero siempre había sido tan fría y distante...Volvía a querer, a querer, sin darse cuenta de que también debía dar.
Naomi, sin inmutarse se dio la vuelta y comenzó a caminar, y no llegó a dar un paso cuando alguien la llamó.
-¡¡Anda!! ¿O sea que tú eres la jefa del rubio este? -dijo Emily dando dos pasos y señalando hacia atrás.
Naomi se giró y le respondió a aquella energética chica de cabellos azafranados.
-Si, ¿hay algún problema?
-¡No!, en absoluto. Solo que, tenía ganas de conocerte- le tendió la mano amistosamente con una sonrisa- Encantada, soy Emily Eckhart.
-Kimishima Naomi, un gusto -dijo devolviéndole el gesto, solo que, sin sonreír.
La fémina de cabellos teñidos por la luz de la luna, siguió caminando camino a su despacho.
-Ehh...-tartamudeó Little Guy- ¡jefa!
Ella se giró otra vez y le lanzó una mirada impasible.
-Little Guy, tengo mucho trabajo que hacer, así que por favor, no me interrumpas.
-Pero...yo...
Naomi, haciendo caso omiso entró a su despacho y cerró la puerta, sin perder su elegancia ni su templanza.
-Vaya...tenías razón con respecto a su frialdad ¿eh? -comentó Emily, algo incómoda por la situación.
-Si...-respondió él distraído caminando en dirección sur por los pasillos.
-¡Oye! -corrió ella hasta alcanzarle- Tío... ¿estás bien?
-Ehh...sí, claro...sólo que, necesito...pensar.
Emily sabía a qué se refería, Karl siempre había sido un sensiblón, por lo que, decidió dejarle solo y libre.
-Está bien, yo iré a casa a cenar.
-Ehh...Vale -respondió, sin mucho ánimo.
Tras bajar el ascensor juntos, sus caminos se dividieron. Ella salió del hospital y tomó un taxi. Él entró en la cafetería y se sentó apartado, en una esquina, tomándose un café cortado.
Sorbo tras sorbo, contemplaba lentamente cómo gente entraba y salía de allí; enfermeros, médicos, anestesistas, recepcionistas, todo tipo de empleados. Él era el único que, sin entender muy bien por qué, no estaba trabajando ya. Una chica fuerte, morena y de cortos cabellos entró por la puerta. Llevaba las manos enguantadas en los bolsillos de su chaqueta brasileña. Nada más verle, puso cara de asco y escupió; dando de lleno en una papelera cercana.
Él agachó la cabeza, preguntándose qué pasaría para que ella, que nunca se había parado a mirarle, le mirara de esa forma. De reojo, vio como se acercaba a la barra y tomaba una lata de Fanta, la abría y se largaba bebiéndola. Little Guy lanzó un suspiro, sin entender la situación.
Se quedó contemplando el reloj, mirando cómo lentamente cada segundo iba pasando empujado por el suave mecer de aquellas agujas, viendo cómo el tiempo se le escapaba así como la arena comienza a descender por las manos; así como el agua rebosante va desapareciendo de las manos y, por mucho que se intente, acaban quedando simples y tímidas gotas, acorraladas, pegadas a la palma de uno. Miraba mucho el reloj, aún sin darse cuenta de lo que tenía delante, no un simple reloj, sino un gran tesoro que, como el agua o la arena, se le estaban escapando cada vez más rápido de las manos. Debía hacer algo, pero no se daba cuenta de ello.
Se levantó aturdido, todavía dolido por el rechazo de su jefa, por aquellas duras palabras que resonaban en su mente.
Dos plantas más arriba, en una habitación llena de muebles color ébano y un moderno ordenador de mesa se encontraba ella, Naomi, contemplando con tristeza el “tic-tac” de los segundos, que provocaban un raro efecto sobre ella, haciéndola decaer, poniéndola triste y herida, como un cervatillo que acaba de recibir una bala, intentando huir de su destino; la muerte. No lo consigue. Suena otro disparo y el cazador se apresura a atarle las patas. Ya nada puede hacer, está débil, herido, confundido, pero sobretodo, está solo…no hay nadie a su lado, nadie que le proteja, nadie que le quiera, nadie que se preocupe por él, nadie que le comprenda o que, al menos, se compadezca de él. No existe nada peor en este mundo que la soledad. Sonríe con tristeza y contempla todo el papelerío que tiene ante ella. Son todos los detalles la custodia de Alyssa. Ella era aquel pequeño cervatillo que se acercaba lentamente junto al cadáver del otro, lo olisqueaba y terminaba por marcharse, trotando, huyendo lejos del cazador. Suspiró y se quedó en silencio.
En ese instante la puerta comenzó a abrirse lentamente. Tras ella se ocultaban tímidamente una leve mirada traslúcida como las nubes y unos finos cabellos rizados dorados que brillaban a la luz del ocaso. A ella le dio un vuelco el corazón, quería mantener las distancias…pero él era su agente, casi su guardaespaldas, ¿cómo entonces lo conseguiría?
Dejó los papeles a un lado y se concentró en los detalles de una investigación que estaban explayados sobre la pantalla de plasma. Él asomó aquella cabecita repleta de cortos hilos de oro, parecía un niño, tan inocente, tan ingenuo…
-Siento interrumpir… ¿se puede?
-Supongo que sí -respondió ella, sin perder de vista la pantalla.
-Verá Doctora… -tuvo que hacer una pausa y tragar saliva, estaba muy nervioso- Usted acaba de llegar de su viaje y, por lo que veo debe de estar muy ocupada… ¿No cree que yo podría ayudarla en algo?
-Agente -comenzó ella frívolamente-, estos días que he estado fuera no he estado tonteando, he estado trabajando para poder conseguir la custodia de Alyssa. Ahora vuelvo a aquí y tengo investigaciones que reanudar. Aunque esté muy ocupada, ¿no crees que si lo necesitase, ya te habría pedido ayuda?
Él asintió, tragando otra vez saliva y ruborizándose. Ella sin embargo siguió tecleando sin cesar.
Pasaron varios minutos, mientras, al fondo, el sol comenzaba a desfallecer bajo los efectos de la madre Naturaleza. La noche estaba en camino. Él se quedó inmóvil, mirándola. Ella notó su presencia.
-¿Piensas quedarte aquí parado o qué?
-Pe-pero jefa…Tengo que hacer algo, dígame lo que sea, pero, tengo que trabajar…
Ella soltó un lánguido suspiro.
-Está bien…te voy pedir una misión súper-importante.
Él volvió a tragar saliva y se ajustó la corbata que a ella tanto le gustaba mirar.
-Diga…
-Vete al pasillo -dijo en un tono suave, intentando no perder la paciencia.
-¿¡Qué?!
-He dicho que te vayas fuera -repitió.
-Pero, jefa…de verdad que…
-¿¡Acaso no has oído mis órdenes?! -recalcó la última palabra, con un tono firme.
-Si…eh…por supuesto, doctora -respondió él caminando lentamente hacia la puerta. La abrió deseando que de aquellos labios saliera el típico “Espera” de películas o telenovelas. Pero nada…ella siguió en silencio y él tuvo que marcharse.
Cuando la puerta se cerró por completo, ella se recostó sobre su sillón.
-Ay Dios mío…A ver qué hago yo ahora para que él se aleje de mí, hasta que el cervatillo sea arrastrado por el bosque, hasta llegar a la caza del leñador y ser despojado de su piel, de su cuerpo…y de su alma…
En aquel cálido y moderno apartamento todo era perfecto. Estaba todo hecho al detalle. El lecho estaba situado justo en la esquina superior derecha con respecto a la puerta; que estaba a unos centímetros de la esquina inferior izquierda de aquel pequeño y cómodo cuarto. La clásica ventana cuadrada con una perpendicular en medio estaba continua a la cama, justo sobre la mesita de luz. Cada rayo de sol entraba por la habitación, travieso; jugando con fuego, con aquella ardiente y explosiva cabellera que Emily tenía el privilegio de llevar. Aún rozando la frontera de la troposfera, se conseguía oír la suave y matutina melodía improvisada por simples aves que sobrevolaban la ciudad. Todo era perfecto…todo hecho a medida para que Emily pudiera tener una agradable mañana…
“CRASH”
Aquel sonido era como una bomba atómica. Una almohada, lanzada con ira, se llevaba todo lo que tenía por delante. Todo lo que estaba encima de la mesita auxiliar caía estrepitosamente sobre el suelo: la lámpara, el móvil táctil de última generación, el periódico de la jornada anterior y, sobretodo, la principal víctima de aquel atentado: el despertador saltarín con forma ovalada y apoyado sobre un resorte. Espantoso despertar, fue lo primero que a Emily se le vino a la mente. ¡¡Y tan espantoso!! Tenía unas increíbles ojeras debido a que se había quedado trabajando hasta las tantas. Su hermosa y brillante cabellera ondulada parecía producto de una noche de pasión.
-Bah…noches de pasión… -comentó para sí misma- Creo que, por ahora, mis noches locas han llegado a su fin -rió, pensando.
Se levantó de la cama, sin inmutarse por el mobiliario roto, con un espléndido camisón rojo de seda pura, proveniente de la más refinada costurería de París; la que llevaba su tía-abuela Rachel. ¡Vaya que si no era enrollada esa tía!!
Cerró la ventana; a las 7 de la mañana entraba una helada brisa que llegaba hasta el tuétano, y recogió su móvil, mirando la ficha y la previsión del tiempo.
-Vaya pena…-se quejó- ¡¡con lo que odio la lluvia!!
Le lanzó una mirada asesina al móvil, debido a que, al contemplar la ventana, el cielo se encontraba poco nublado.
-Ojala que te equivoques…Hoy tenía planeado llevar al rubio a un parque…Desde que llegó su jefa, hace tres días que no le veo… -puso cara de detective, pensativa-Bueno, con tal de que esté bien…-finalizó con una suave risa.
Salió de la estancia, ya vestida con unos pitillos gris oscuro como sus ojos, unos finos tacones de charol rojo cereza y una camiseta palabra de honor en el mismo tono. Tras desayunar, se metió en el cuarto de baño. Peinándose, arreglándose la manicura francesa, dando volumen a sus vivos ojos pardos y un intenso color a sus carnosos labios. Tras ponerse un gloss y hacer el típico “Muack” delante del espejo, salió con cartera en mano y una suave fragancia de “Dior”.
Otra vez en la cafetería, mirando a la nada, sin nada que hacer. De todas formas ¿qué podía hacer? Ganaba su sueldo y, sin embargo, la que hacía todo el trabajo era su jefa. Aquella jefa que marcaba como un animal salvaje cada zona por la que pasaba y, sin embargo dejaba huella de su elegancia y de su refinado comportamiento. Dejaba marcada su seriedad y aquel semblante bendecido por el encanto de la luna. Aquellas curvas que podían servir perfectamente como circuito de carreras. Él ya se imaginaba en un Ferrari, tomando cada curva con agilidad y habilidad. Dominando la carretera; dominándola a ella. Aquella fiera que nunca se había dejado domar. Que nunca había querido caer en el hechizo del amor. Que nunca había matado una mosca y, sin embargo, su mirada de medusa petrificaba a cualquiera macho que se precie. Aquellos salinos cabellos dotados por un brillo único. Esos ojos resaltados con el negro que cubría, además de sus pestañas y su waterline, su corazón. Ese azul intenso y profundo, tanto como el espacio, infinito, un laberinto del que no se puede escapar. Así era ella, una jefa sin igual. Little Guy deseaba que no hubiese nadie como ella, nadie que pudiera o intentara imitarla. Quería que Naomi Kimishima fuese solo suya. Esa arrogante fiera que no se atrevía a salir de la jaula. Quería que fuese suya, cada poro de su piel, cada partícula que rondara cerca de ella, cada célula de su cuerpo. Quería su tiempo, sus cabellos, sus labios, su mirada, sus curvas; lo quería todo.
Se levantó, su móvil comenzaba a vibrar y una antigua melodía de los Rolling Stones comenzaba a sonar. Oh si, cada nota desprendida por esa guitarra de edición limitada color azul cobalto -como los ojos de la Doctora- conseguía ponerle la piel de gallina.
Miró la pantalla, intrigado. Era un número desconocido. Ojalá fuese el número privado de Naomi, babeó.
Little Guy abrió el teléfono, tembloroso.
-Al habla...-no pudo continuar, tuvo que apartar el móvil de su oído, sino, éste quedaría destrozado.
-¡¡Hi rubio~~!! -salió del auricular.
Él se acercó el teléfono lentamente y susurró, casi sin voz:
-Ehh... ¿Diga?
-Soy yo, Emily.
-Muy buenas Emily... ¿a qué se debe tu llamada?
-Bah, no es nada especial. Pero, como hace mucho que no nos vemos... -¿¡mucho?!, pensó Little Guy- Había pensado que podíamos ir al parque que está justo enfrente del Death Bullevar
-Uff, Death bullevar, ¡qué tétrico!
-No, si ya lo sé, pero el parque es supermono, además, ahí no van los perros.
-¿Qué tienen que ver los perros?
-Que no me ensucian la ropa -responde ella con arte.
-Ah...guay -respondió, sin saber qué decir.
-Oye rubio...
-Dime.
-¿A qué se debe ese nombre tan escalofriante?
-Pues...-él comienza a hacer memoria-, trata de una de las miles de leyendas de Japón. Un joven perdió la vida allí puesto que lo entregó todo por conquistar a una persona y esa persona no le correspondió; total, que el chico se suicidó.
-Jolín, ¡no es justo! -se quejó Emily entre sollozos-. Y...dime, ¿tú crees que es verdad eso?
-¡¡Para nada!! Para mí sólo es una leyenda...
-Ah vale...-Emily, algo trastocada por la historia, decidió cambiar de conversación- Y... ¿a qué hora quedamos?
-¿Te parece si nos vemos ahora en unos minutos?
-Vale.
-¡Nos vemos!
-¡Bye Karl!
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Emily Winslet
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