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AMBIENTACIÓN.
La guerra ha transformado a Norteamérica en el país de Panem, dividido en doce distritos controlados por el tiránico Capitolio. Los Juegos del Hambre obligan a dos jóvenes de cada distrito a luchar por su vida en un espectáculo televisado con único vencedor.

Tras los suicidios de algunos tributos en las últimas ediciones de juegos, los distritos se han comenzado a organizar para una rebelión contra el capitolio. Los cabecillas de la revolución reparten el boletín rebelde, un folleto anónimo que apuesta por la revolución, y en el distrito 13 las fuerzas del ejército se preparan para una guerra inminente. Sin embargo, en el Capitolio, donde todavía persiste la emoción de los recién terminados 79 Juegos del Hambre, extreman las medidas de seguridad y jugarán todas sus cartas para que los rebeldes no se salgan con la suya.
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Rory Bolton [Distrito 10]

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Rory Bolton [Distrito 10]

Mensaje por Rory Bolton el Vie 26 Ago 2011, 10:07

ROBERTA ‘Rory’ BOLTON
DISTRITO 10



DATOS PERSONALES

    N O M B R E Roberta
    A P E L L I D O p a t e r n o [Desconocido]
    A P E L L I D O m a t e r n o Bolton
    A P O D O S Rory
    F E C H A d e N A C I M I E N T O - E D A D 5 de Agosto – 13 años




DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA
Rosslyn siempre hablaba de su hija como una niña alegre y vivaracha en sus primeros años de vida, aunque quizá siempre fue asustadiza. Cuando, con sus primeros pasos inseguros, la acompañaba a vender huevos por el distrito, acaba escondida tras sus faldas, observando cautelosa a sus vecinos. No era, como muchos pensaban, timidez, sino más bien desconfianza. Necesitaba conocer a su enemigo antes de enfrentarse a él.

El paso del tiempo podría haber convertido esos silencios incómodos y miradas escrutadora en apenas un segundo de recelo, pero los acontecimientos tornaron su actitud casi en miedo. Y ese miedo se transformó en ira cuando comenzó el colegio. Roberta tan sólo pretendía hacer amigos como los demás niños, pero, casi sin quererlo, se fue apartando del resto y las únicas conversaciones que acabó manteniendo con ellos consistían en puñetazos y patadas a la hora del recreo.

Sin embargo, en estas peleas ganó algo más que unas magulladuras. Poco a poco aprendió a controlar su ira y evaluar a sus adversarios, y finalmente comprendió que, ante algunos enemigos, lo único que uno puede hacer es agachar la cabeza y huir con el rabo entre las piernas.

A sus trece años se ha convertido en una persona prudente, cautelosa e incluso obediente con aquellas personas que pueden suponer una amenaza para ella, pero también impulsiva y rebelde, casi mandona, con esas otras a las que puede vencer. O lo sería si hubiese alguien que pudiese perder contra ella.

Sin embargo, no todo en Rory son palabras desagradables y gruñidos. Su observación del entorno le ha llevado a desarrollar una insaciable curiosidad por el mundo que le rodea, venciendo incluso su desconfianza en algunas ocasiones. Y puede que, cuando esa curiosidad le permita conocer a alguien que la trate bien, deje salir de su jaula a esa bonita sonrisa.


    G U S T O S La principal afición de Rory es la caza furtiva o, lo que es lo mismo, acechar ratones, gatos y cualquier bicho viviente que pueda capturar sin que la pillen. Pero la pillan. No han sido pocas las ocasiones en que su abuelo ha encontrado ratones muertos bajo su cama y le ha retorcido las orejas hasta dejarlas más rojas que la cresta de su gallo. Refunfuñando, ha tenido que buscar actividades alternativas para descargar su ira y convertirse en alguien tan mortífero como pretende ser. Así, ha acabado destrozando muñecos de paja en lugar de animalillos que ni siquiera tienen garras.
    El propio distrito se ha convertido en su centro de entrenamiento favorito, con infinidad de recovecos por los que poder trepar y observar. En las noches más calurosas de verano, le gusta ascender al tejado de su propia casa y quedarse dormida observando las estrellas.


    O D I O S No soporta los malos olores, el queso y las prendas de lana.
    Pero, sobre todo, aborrece los cerdos. Los odia con toda su alma. Cada vez que debe ir a alimentarlos, arruga la nariz y contiene una arcada cuando siente sus botas hundirse en la mezcla de barrio y excrementos de los animales.


DESCRIPCIÓN FÍSICA

Roberta tiene un baúl. Un baúl antiguo y gastado. Un baúl de recuerdos y madera. En su interior guarda las únicas pertenencias que conserva de su madre: tres cartas, un vestido y una muñeca. Desde que era una niña, cada vez que se acercaba a la escuela y veía a las demás chicas de su edad, sentía la necesidad de compararlas con su muñeca. Desde luego, se parecían. Pero, ¿y ella?

Roberta nunca se ha sentido como su muñeca. Nunca ha tenido sus rizos rubios, su sonrisa amable o esas mejillas sonrosadas. Lo único que ambas comparten es un vestido. Pero no se lo ha puesto ni una vez, ni siquiera en la cosecha. Muchas veces se pregunta cómo le sentaría, pero la respuesta es siempre la misma. Parecería una patata dentro de un saco. Tras trece años viviendo en su cuerpo, ha llegado a la conclusión de que nunca será lo suficientemente grande como para ponérselo. Su madre también era pequeña, delgada, casi enfermiza, pero Roberta la supera con creces. Hasta el más pequeño de los niños de su edad le saca una cabeza y la mayoría de ellos podría cargarla en brazos sin problemas. Su abuela le reprocha siempre que no tome suficiente leche, pero se ve incapaz de hacerlo sin pasarse el resto del día en el baño.

Pero Roberta no es débil. Al menos, para su tamaño. Precisamente por esa razón no cesa en su empeño de llegar a superar a todos los hombres de su distrito. Pese a sus esfuerzos, lo único que ha conseguido son unos brazos fibrosos que esconden toda la fuerza que podría llegar a tener y una expresión ceñuda y decidida que se ha asentado en su rostro.

En las noches frías de invierno, cuando todos se reúnen junto al fuego, Rory se sienta junto a su abuela y permite que le cepille su quebradizo cabello castaño a cambio de una de sus historias. De un modo otro, siempre acaba hablándole sobre su madre y de la sonrisa que compartían las mujeres de su familia. Cree, al igual que un nuevo día amanece tras la noche, que esa sonrisa podría conquistar el mundo al igual que conquistó a su padre. En esos momentos, las ásperas manos de Rory se crispan y la impulsan para abandonar el suelo, enfadada, repitiendo a voz en grito que ella no tiene sonrisa y tampoco tiene padre. Pero, al igual que conserva el baúl de su madre, a ese desconocido le ha robado los enormes ojos. Azules, grises o verdes, según el pueblerino a quien se pregunte, gobiernan un rostro triste con demasiada seriedad para su edad. Son grandes y fieros, al igual que su espíritu, haciendo parecer diminuta esa boca de labios suaves que podría susurrar, pero sólo se dedica a gritar.



HISTORIA

Rosslyn Bolton no llegó a casarse. Pero eso no le impidió, según ella, vivir su vida. Según su madre, era una fresca. Medio distrito estaba de acuerdo con ella. Sin embargo, Rosslyn continuó con sus planes y a los 21 años se quedó embarazada por primera vez. El bebé no llegó a nacer. Apenas un año después, Rosslyn estaba en cinta de nuevo pero, en esta ocasión, la criatura no corrió la misma suerte. Era una niña, demasiado pequeña y con una piel tan pálida que tan sólo los latidos de su diminuto corazón daban fe de que estaba viva.

Fueron los años más felices de Roberta, a pesar de saber que, en el fondo, cada vez que su madre la miraba, tan sólo veía a la sombra de su hermano. Sin embargo, ella sentía que, en cierto modo, también la amaba a ella. Roberta se empeñó en demostrárselo cada día que pasaron juntas. Cuando una barriga asomó de nuevo bajo el vestido de su madre, tuvo el presentimiento de que algo no marchaba bien. Siempre había visto a Rosslyn como una persona fuerte, brillante. Invencible. Pero no lo era.
Roberta acababa de cumplir tres años.

El primer día en la escuela se presentó como un obstáculo insalvable. De la mano de su abuela llegó al patio de aquel edificio gris, lleno de niños nerviosos que tan sólo se calmaban al sentir el abrazo de sus madres. Su futura maestra, con una sonrisa incómoda y compasiva como traje, hubo de llevarla arrastras hasta el aula mientras las lágrimas se afanaban en abandonarla.
La situación no mejoró mucho en los años que sucedieron a aquel día. Roberta continuaba tan nerviosa que cada vez que debía hablar, comenzaba a tartamudear. El resto de los niños sólo contribuían a acrecentar su sensación de incomodidad. No recordaba una ocasión en que hubiese abierto la boca y no hubiese escuchado una risita al fondo del aula.
No tardó en volver a casa llena de los arañazos y moratones resultado de las peleas que se empeñaba en provocar a pesar de su evidente inferioridad. Quizá por eso, o porque sencillamente no estaba hecha para estudiar, los conocimientos de Rory no iban más allá las letras y las matemáticas suficientes para saber leer, sumar y restar.

Finalmente, cuando Rory ya contaba con diez años, sus abuelos asumieron que no era precisamente una lumbreras. Continuaron obligándola a ir a la escuela, pero dejaron de regañarla cuando la maestra les comunicaba que había faltado la mitad de la semana. Rory sintió cómo su tensión se aliviaba cuando comenzó a emplear sus mañanas en recoger huevos y venderlos por las casas.
Con el paso de los años, los días que faltaba al colegio acabaron por superar a los que acudía. Su trabajo ya no consistía tan sólo en cuidar de los animales que había en su casa, sino también los de su único familiar conocido aparte de sus abuelos, su tío.


TRABAJO Acude a la escuela de cuando en cuando para hacer sonreír a su abuela, pero su vida consiste mayormente en cuidar de las gallinas y el par de cerdos de sus abuelos y mantener limpios los establos de su tío.


Última edición por Rory Bolton el Vie 26 Ago 2011, 10:11, editado 1 vez
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Re: Rory Bolton [Distrito 10]

Mensaje por Fawn W. Lennon el Vie 26 Ago 2011, 10:08


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